Dra. Haydeé A. Del Pozo Jerez,1 Dra. Lizette E. Leiva Suero2
La atención previa al acto quirúrgico del paciente anciano hipertenso requiere una evaluación clínica integral y de algunas pruebas complementarias que permitan una evaluación lo más aproximada al riesgo quirúrgico, fijar una mejor estrategia de tratamiento multidimensional, prever complicaciones y programar una rehabilitación consecuente. La hipertensión arterial debe tratarse con fármacos, de manera individualizada y controlarse establemente previo al acto quirúrgico electivo, mantener tratamiento hasta el mismo día de la operación y después reiniciar tratamiento tan pronto como sea posible. El riesgo perioperatorio mayor del hipertenso anciano está en la inestabilidad tensional que acompaña al hipertenso no tratado, adicionado a la comorbilidad frecuente, daño en órganos diana, modificaciones propias del envejecimiento, sensibilidad a drogas y discapacidad. El envejecimiento poblacional nos lanza el reto de alcanzar una competencia profesional interdisciplinaria acorde con los problemas de salud que debemos enfrentar.
DeCS: CUIDADOS PREOPERATORIOS; HIPERTENSION; ANCIANO.
Se ha argumentado suficiente el riesgo que la HTA aporta al paciente quirúrgico,1 pero sería insuficiente a nuestros fines no analizar la fisiopatología de la HTA del anciano fuera del contexto del envejecimiento. La HTA no es consecuencia obligada del envejecimiento, pero en él se condicionan diferentes mecanismos que la generan. La senectud se relaciona con cambios hemorreológicos, hemodinámicos, neurales y hormonales que modifican la función de diversos órganos y sistemas, aunque si bien es cierto, como se ha dicho, que en ocasiones la edad biológica no se corresponde con la cronológica,2 lo cual se explica por el incremento de la heterogeneidad física y médica con el avance de la edad,3 además, hoy se sabe que el incremento de la presión arterial (TA) también obedece a influencias ambientales que acentúan su poligenia. El proceso de envejecimiento está asociado con una variedad de cambios cardíacos y vasculares. 3 Con la edad aumenta la resistencia vascular periférica (RVP), disminuye la elasticidad arterial y se eleva la presión sistólica, lo que conduce a un aumento de la presión diferencial ( PAS -PAD) o presión de pulso y esto produce una disminución de la compliance arterial que expone a un envejecimieto acelerado de la pared arterial y a la aparición y desarrollo de hipertrofia ventricular izquierda (HVI). El incremento de las RVP está relacionado con cambios en la actividad simpática y parasimpática con elevaciones progresivas de noradrenalina plasmática en ancianos normotensos e hipertensos, lo que unido a la "alteración "de la sensibilidad de los receptores betaadrenérgicos (no así de los alfaadrenérgicos) los niveles de NA son un estímulo vasoconstrictor que eleva la RVP.4 Los cambios en la reactividad vascular guardan relación con el manejo intracelular de sodio, calcio y potasio y de la acción de sustancias vasoactivas como prostaglandinas, quininas, óxido nítrico, etc.5 Resumiendo, las alteraciones hemodinámicas que caracterizan la HTA del anciano son :
Con el envejecimiento se produce en el riñón hasta el 15 % de
reducción de la masa cortical con disminución del número
de glomérulos y de los túbulos funcionantes; hay también
un mal manejo del sodio a nivel tubular y de la concentración y dilución.
6-7 En la senescencia se invoca que existe
un descenso en la capacidad de generar sustancias natriuréticas (dopamina,
péptido atrial natriurético, etc), un descenso en la actividad
de la bomba de sodio-potasio ATP-asa y alteración en el recambio de sodio
a través de la membrana celular de la pared muscular de las arteriolas,
lo cual incrementa el tono y la RVP. En la senectud se produce un descenso en
la actividad de renina, tanto la basal como la estimulada a lo que se relaciona
los niveles extracelulares reducidos de calcio iónico.7-9
Importantes cambios hemorreológicos pueden generarse en el envejecimiento:
Son los cambios en la viscosidad sanguínea los que favorecen un estado
de hipoperfusión y trastornos a nivel de la microcirculación.
La disfunción endotelial favorecida por la edad perturba los mecanismos
de regulación del tono vasodilatador, principalmente por inhibición
de la síntesis de ON, y se genera HTA, fundamentalmente por 2 mecanismos:
aumento de las resistencias y expansión de volumen secundario a disminución
de la natriuresis. 5-10
Ante las acciones anestésicas y quirúrgicas concurren múltiples
factores que se conjugan para tensar el acto quirúrgico.
Resumiendo, el anciano hipertenso se expone por una parte, a las alteraciones
fisiopatológicas propias ligadas al hipertenso, la posibilidad de daño
en órganos diana y causas secundarias a ella, así como discapacidad,
desnutrición, y enfermedades frecuentes asociadas, y por otra parte,
al efecto de agentes anestésicos, e hipotensores, las interacciones medicamentosas,
la sensibilidad propia del anciano a estos m y alteraciones de la volemia, todo
lo cual contribuye a acentuar la discapacidad del hipertenso para mantener su
autorregulación y exponer al paciente a peligrosas fluctuaciones entre
hipotensión e hipertensión arterial, la cual está considerada
la causa de morbilidad y mortalidad perioperatoria más importante, existe,
según Weity y Goldman,1 3 períodos
críticos de hipertensión y taquicardia : durante la inducción
de la anestesia y laringoscopia, dentro de las primeras horas del posoperatorio
y 48 horas después de la operación , episodios asociados principalmente
a estimulación simpática y descarga adrenérgica que pueden
generar accidentes isquémicos cardíacos y cerebrales, hemorragias
o insuficiencia cardíaca.
Una historia clínica integral se ha identificado como la piedra angular
de la evaluación preoperatoria, la cual tiene como objetivo, coincidiendo
con Salas:11 "definir el estado funcional
y la calidad de vida del paciente, identificar la vulnerabilidad para morbilidad
perioperatoria y desarrollar un plan para la preparación preoperatoria
y el manejo posoperatorio".
Es necesario un interrogatorio cuidadoso que pudiera detectar síntomas
de afección cardiovascular y/o pulmonar, base frecuente de principales
complicaciones perioperatorias y también de frecuente expresión
clínica atípica en el anciano. Se buscará información
sobre factores de riesgo, enfermedades asociadas, daño en órganos
diana y fármacos que consume. La historia de haber tenido cifras altas
ocasionales, que con frecuencia se desvaloriza, puede ser el camino al diagnóstico
de un hiperreactor, de un hipertenso eventual12
con sus consecuencias en la ejecución del acto quirúrgico, si
no es tratado consecuentemente. La HTA de reciente comienzo, moderada o severa
y/o de difícil control puede orientar a causa secundaria, como ejemplos
más frecuentes la HTA renovascular de causa aterosclerótica y
el hiperaldosteronismo primario. Antecedentes de edema agudo pulmonar a repetición,
no correspondencia de las cifras tensionales con los hallazgos fundoscópicos
y/o auscultación de un soplo paraumbilical apoyan el diagnóstico
de la primera, así como astenia, arritmias y potasio bajo apoyarían
la segunda. La presión arterial debe medirse cuidadosamente en el anciano,
seguir las recomendaciones establecidas para su medida por el JNC-VI, sin despreciar
milímetros detectados, para evitar falsos diagnósticos, palpar
arteria radial o humeral antes y en el curso de las mediciones y hacer tomas
tensionales en posición supina, sentado y de pie después de 5
minutos de bipedestación y en la primera consulta en ambos brazos, todo
lo cual contribuirá a una mayor precisión diagnóstica en
este grupo de pacientes en los que se les han señalado entre otras las
siguientes particularidades que precisan identificación para evitar sobretratamientos
que puede ser en el anciano tan nocivo como no tratar o tratar insuficientemente:
La exploración cardíaca y vascular cuidadosa posibilitará
poner en evidencia la existencia de soplos cervicales, valvulares cardíacos
o abdominales, trastornos de la frecuencia y ritmo cardíaco, así
como alteraciones de los pulsos periféricos, posible expresión
de la repercusión vascular existente por la HTA o sus relacionados. Una
masa abdominal palpable podrá corresponder con sus características
individuales a un aneurisma aórtico o un tumor renal. Ha de precisarse
el estado basal mental del paciente, lo que permitirá identificar riesgo
de confusión posoperatoria y el costo -beneficio del proceder quirúrgico
electivo propuesto. La malnutrición por defecto o exceso, así
como la discapacidad física funcional han de evaluarse con precisión
para hacer prevención de sus efectos negativos sobre el perioperatorio
y la etapa posterior de recuperación. La integración de la información
de los hallazgos físicos y anamnésicos permitirá establecer
el riesgo quirúrgico general.11
Completará la evaluación preoperatoria algunos exámenes
imprescindibles; tales como, ECG, Hto., glicemia, creatinina, ionograma, examen
parcial de orina, así como US de ambos riñones con medidas. Pudieran
requerirse precisiones del estado cardiovascular y necesitarse realización
de un ecocardiograma, eco Doppler carotídeo o de las arterias renales.
Otras investigaciones se indicarán según sospecha de causa secundaria
de la HTA o daño asociado.
La necesidad de controlar de una manera estable la TA antes del acto quirúrgico
es, a nuestro juicio, un elemento clave en la prevención de complicaciones,
lo cual fue identificado en sus respectivos trabajos por Goldman y Caldera13
y Prys-Robert y Meloche13 cuando encontraron
una mayor labilidad tensional perioperatoria en pacientes hipertensos no tratados.
La HTA suficientemente tratada no aumenta el riesgo de complicaciones cardíacas
perioperatorias.14 El mayor peligro del paciente
hipertenso en relación con el acto quirúrgico es la posibilidad
de amplias fluctuaciones tensionales entre hipotensión e hipertensión
en el decursar del proceder quirúrgico, al exponer a fenómenos
isquémicos y hemorrágicos, tanto cerebrales como cardíacos,
arritmias y otros eventos. El tratamiento farmacológico inhibe la respuesta
hipertensiva que la condición de hiperreactor hace habitual ante el estrés
en el hipertenso no tratado, aunque no tenga una hipertensión estabilizada.12
Es oportuno recordar la gran variabilidad de la TA en el anciano y el agravante
de la frecuente comorbilidad que prepara un terreno vulnerable a las complicaciones.
Un reciente trabajo no establece diferencias entre la HTA no tratada, con la
insuficientemente tratada o la tratada adecuadamente cuando se valora el posible
desarrollo de crisis hipertensiva en el posoperatorio15
y otro trabajo plantea que las mediciones previas a la cirugía tienen
pequeña influencia sobre el desarrollo de la HTA intraoperatoria es el
principal determinante del control de la TA perioperatoria y la necesidad de
tratamiento, factores surgidos del proceder quirúrgico.16
Nuestra experiencia a través de la aplicación de la prueba
de frío como estrés provocado12-17
no se corresponde con los 2 trabajos anteriores, aunque la condición
de ser "poligénica y multicausal" admite variantes individuales
en la HTA. Por nuestra parte enfatizamos que el tratamiento farmacológico
antihipertensivo debe mantenerse, inclusive, el mismo día de la operación
y después reiniciarlo tan pronto como sea posible en el posoperatorio.
Hoy se acepta hasta 110 mmHg de presión diastólica, si no hay
otros factores de riesgo y proponemos hasta 160 mmHg de presión sistólica,
también si no existen otros riesgos.
Es necesario destacar que las modificaciones en el estilo de vida son un pilar
fundamental en el tratamiento de cualquier hipertenso, pero que en el anciano
que va a someterse a cirugía no puede bajo ningún concepto ser
el único tratamiento y siempre es necesario el uso de fármacos
hipotensores para lograr control estable e inhibir respuesta hipertensiva. Wang
y Staessen en metaanálisis de tres grandes estudios : Systolic Hypertension
in Elderly Program ( SHEP ) en América, Systolic Hypertension
en Europa
(Syst-Eur)Trial y Systolic Hypertension en China (Syst-China) demostraron
que el tratamiento farmacológico está justificado con cifras repetidas
de 160 mmHg sistólicas o mayores, que el beneficio absoluto es mayor
en hombres, ancianos y en aquellos que presentan complicaciones cardiovasculares
previas o mayores presiones de pulso. Cada trabajo individualmente demostró
significativo beneficio para prevenir enfermedad cerebrovascular y eventos cardíacos18
nosotros recomendamos iniciar tratamiento a partir de 140 y 90 mmHg de presión
sistólica y diastólica respectivamente en el paciente que va a
operarse , a la dosis más baja posible del medicamento elegido.
Care before surgery in hipertensive elderly needs of an integral assessment and of some complementary tests allowing an estimate the near possible to surgical risk, establishment of a better strategy of multidimensional treatment, to forecast complications, and to plan the consequent rehabilitation. High blood pressure must to be treated individually with drugs , and be controlled in a stable way before an elective surgery, to maintain treatment up to the same day of operation, and after, to start again treatment as soon as possible. Major perioperative risk of hipertensive elderly lie in the instability of arterial pressure accompanying to non-treated hipertensive patient added to frequent co-morbidity, injury in target organs, modifications according to aging, sensibility to drugs, and disability. Aging in population challenge us to gain a interdisciplinary professional competence in keeping with all health problems that must to meet.
Subject headings: NUTRITIONAL STATUS; AGED; PREOPERATIVE CARE.
1 Especialista de II Grado en Medicina Interna. Profesora Auxiliar.
2 Especialita de I Grado en Medicina Interna.